#microcuento

Sus lágrimas se emanciparon cuando ya no hubo tristeza. Aun así, aquella copa seguía vacía en el balcón, esperando llenarse de vino y rodearse de una buena conversación.

Entonces comprendió que no esperaba a nadie.

Esperaba volver a ser quien era antes de tener que despedirse de sí misma.

Entró en casa, descorchó una botella y sirvió dos copas.

Una para ella.

La otra, por si algún día regresaba.


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