#microcuento

​Sus lágrimas frenaron la sequía de aquella ciudad olvidada. Su tacto de seda dio de nuevo vida a la naturaleza marchita. Su sonrisa llenó de luz las mañanas sombrías. Su aroma devolvió el deseo al mundo entero. Pero su oído no fue capaz de captar los gritos de protestas, que sin embargo su mente jamás sería capaz de olvidar.

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