#microcuento

El fuego congeló aquella lágrima que caló de su rostro ardiente por la furia de ver cómo su pueblo estaba muerto en vida. Entonces comprendió que no quedaban gritos que salvar ni cenizas que llorar. Solo silencio… y una chispa. La tomó entre sus manos como si fuera el último latido del mundo y, por primera vez desde la caída, decidió que si todo había terminado, también podía empezar de nuevo. 

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