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EL ÚLTIMO TRANSATLÁNTICO

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Y me asomé al balcón de tu mirada… pero era demasiado tarde, y ya no estabas. Pero al final sólo quedó un “te quiero” sin expresión.   Nuestras miradas se cruzaban cada mañana en la misma calle, en la esquina de Bown-Hand Street. Tu mirada era transparente y punzante, aunque opaca al mismo tiempo, y atravesaba mi cuerpo como un destello sin rumbo: traspasaba mi ser, como si no existiera. Tus ojos veían a través de mi alma. Podía notar tu frío recorrido hasta que se desviaba hacia el horizonte que enmarcaba la Plaza de Brandson-Square. A la misma hora, nos deteníamos en el mismo kiosko a comprar el periódico, con el mismo tipo de café en la mano. Del mismo aroma y de la misma marca. Es lo único en lo que no coincidíamos. Tú lo comprabas a las 08:05h de la mañana, y yo a las 8:35h pasadas. Mi academia de arte está justo al girar la esquina de la calle Patinson-Road Street, la pequeña avenida que atraviesa y rompe la sintonía del viejo barrio con el ambien...

TRAYECYO SIN RUMBO

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¿Cómo imaginar que un punto de encuentro podría convertirse en el inicio de un viaje a ninguna parte? Efectivamente suele pasar cuando sales con prisas de casa y te dejas la suerte tirada encima de la cama. ¡Hoy me explico por qué mi bolso pesaba menos que de costumbre!. Y es que jamás fueron fáciles aquellas despedidas que ponen punto y aparte a las tardes amenas, agradables, cargadas de energía positiva en buena compañía y que, sobre todo, proyectan ilusión hacia nuevos proyectos en tiempos difíciles, a través de sabías reflexiones y palabras motivadoras. Pero como todo lo que empieza debe de acabar, toca volver y regresar a casa. ¡Qué rápido pasa el tiempo si es valioso!. La locura se desata y todo el mundo busca su madriguera al final. Transeúntes deambulan sin rumbo para encontrar un destino que está aún por diseñar. Viajeros que comienzan su merecido descanso se cruzan con aquellos que regresan de una jornada de duro trabajo. Maletas, billetes, besos y abrazos…de esos qu...

¿QUIÉN ES EL VALIENTE?

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  Señores diputados, Comienza la sesión, De un congreso que empieza, Sin captar nuestra atención.   Puños alzados, Manos al frente, Colores que marcan, partidos sin gente.   Los nuevos irrumpen, En la sala del Congreso, Sin orden ni protocolo, Sin leyes ni reglamentos.   Nadie tiene la palabra, Menudo descontrol, No hay manera de abrir, Esta maldita sesión.   El terror se abre paso, En medio del fracaso, donde los nuevos exponen, a quienes dar el sorpasso.   El futuro se rompe, No queda elección, Nadie toma la palabra, En esta compleja misión.   Una voz sin argumentos, De un debate sin talento, Exponiendo unas ideas, Que al final se lleva el viento.   Las luces se encienden, Las voces se callan, Donde nadie comprende, Porque nadie manda.   Despotismo y dimisión, Y las culpas acechando, A u...

CON LOS 4 SENTIDOS

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  Le encantaba tocar el piano. Adoraba la música. Era ciega. No sabía idiomas. Sin embargo, un día se emocionó al escuchar una canción acapela en inglés. Corría el año 1972. Alicia no era como todas las niñas de su edad. Ella no jugaba con muñecas, ni saltaba a la comba en el jardín de su casa, ni quedaba con las amigas para montar en los columpios del parque de su barrio. Su infancia resultó ser un tanto más amarga. Cada mañana preparaba su mochila para acudir al colegio, no sin antes bañar y dar de desayunar a su abuela Dorothy… quien ya a duras penas podía reconocerla salvo en aquellos escasos instantes de lucidez. Ambas vivían juntas en la casa rural de Northville City, desde el brutal accidente que costó la vida a sus padres en el verano de 1969 a la vuelta de unas vacaciones en familia. Y en todo momento se entregó a ella, en cuerpo y alma, para evitar que fuera a un hogar de acogida tras la tragedia. Le proporcionó un modesto hogar y una familia, mucho más que cualqui...

SERÉ TUS OJOS PARA QUE PUEDAS VER

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Eran tan sólo las 6 de la mañana. La brisa suave acariciaba las cortinas que cubrían levemente las opacas ventanas de madera quebrada de un décimo piso de la Gran Vía madrileña. El sol asomaba dando los buenos días tímidamente. Y, como cada mañana, ese fuerte aroma a bollos recién horneados de la panadería más cercana despertó a Sarah. Jamás ponía el despertador, pues ya hacía años que apenas podía conciliar el sueño, o bien se despertaba en mitad de la noche abrumada con los recuerdos que un día truncaron su suerte. El crujir de la cama indicaba que por fin se había decidido abandonarla y comenzar su día. Desde el balcón podían apreciarse las infinitas calles que daban camino a los transeúntes desorientados y apresurados por el estrés y la rutina diaria… incluso aunque fuera domingo. Un día más para la gran ciudad, despertarse, correr y volverse a acostar. Comercios abarrotados y hosteleros a la caza de cada turista que moderaba por un momento su paso para observar el espectacu...

CRUCE DE VÍAS

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Madrid. Hora Punta. Estación de Atocha. Comienza la cuenta atrás del cartel luminoso que anuncia tren corto. “Dejen salir antes de entrar”…no es una norma, pero sí el código del pasajero. Maletas a la entrada que frenan el paso a la avalancha incontrolada. Oscuridad y sombras en un último vagón que emprende la marcha sin esperar al resto del tren. Siluetas colgando, y ventanas empañadas de estrés mezclado con la ilusión de llegar a alguna parte. Empujones y codazos. Asientos reservados colapsados y una anciana de pie frente al cristal que despide la estación a su paso. Comienzo a leer mi nuevo libro por la última página…no puedo esperar para conocer el desenlace (lástima que los trenes sean tan veloces hoy en día). Y sin embargo, acabo leyendo el prólogo del libro que sostiene el pasajero pelirrojo de mi lado. Y aquella propina destianada al vagabundo cantautor que acabó en el bolsillo del viejo revisor. Miradas cruzadas pierden el rumbo por culpa de un letrero apagado....

HOY TE RECOMIENDO: LA CHICA DEL TREN

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RESÚMEN: ¿Estabas en el tren de las 8.04? ¿Viste algo sospechoso? Rachel, sí. Rachel toma siempre el tren de las 8.04 h. Cada mañana lo mismo: el mismo paisaje, las mismas casas y la misma parada en la señal roja. Son solo unos segundos, pero le permiten observar a una pareja desayunando tranquilamente en su terraza. Siente que los conoce y se inventa unos nombres para ellos: Jess y Jason. Su vida es perfecta, no como la suya. Pero un día ve algo. Sucede muy deprisa, pero es suficiente. ¿Y si Jess y Jason no son tan felices como ella cree? ¿Y si nada es lo que parece? Tú no la conoces. Ella a ti, sí. COMENTARIO: Un bestseller de Paula Hawkins que seguro no te dejará indiferente. Viajamos en el tren cada mañana, a nuestro lugar de trabajo o a nuestros destinos de ocio y descanso... y somos testigos sin percibirlo de cientos de sucesos... pero esta vez, uno de ellos conseguirá atraparte profundamente y te mantendrá en vilo hasta descubrir la verdad. Vien...