Entradas

#microcuento

Tenía una agenda tan apretada que apenas le daba tiempo a despertar por las mañanas, ni a soñar en las noches más largas. Un café solo con miel por la mañana y su libro favorito al lado. Aquel de las páginas en blanco, y con olor a distancia y a mar, que le animaba a seguir improvisando. Pero a pesar de todo, ella le seguía esperando, atrapada en aquella gran ciudad donde cada tarde se perdía caminando. Una ciudad testigo de todas las historias jamás vividas, pero contadas a través de su instagram. La misma donde se ocultó el sol que iluminaría su rostro por última vez. Hoy conocida como la ciudad de la espera, de las horas extra en la oficina, de las solitarias noches en vela, de los viajes en metro a ninguna parte, y de los breves momentos de pasión. Desde que la compañía del amor de su vida se cruzara con ella una tarde... posando con él, inocente, sonriente y vestida de blanco. #microcuento                    #saraoss 

#microcuento

Desde que te marchaste, la sopa se sirve fría y el té helado. Las velas ya no alumbran, y las buenas noches se dejaron a un lado. Los días futuros resultaron ser el reflejo en el espejo de los días pasados. Y es que hoy todo se repite, aunque ya nada resulta igual que antes. Aquella pared pintada en blanco roto dejó de proyectar nuestros recuerdos más ocultos, y mis sueños jamás contados. Y cada mañana, la habitual ducha caliente sin el vapor de agua de ambos cuerpos presentes, cuando aún éramos uno, envueltos en dos almas sin rumbo. Y ese juego de mesa inolvidable en el que no se puede perder, sin haber ganado antes. Mirar al balcón ahora vacío, con vistas a ninguna parte. Pero siempre con dos copas de vino delante. Y vuelta a empezar. Porque hoy sólo queda un día menos para un día más... #microcuento                    #saraoss 

#microcuento

Él necesitaba tiempo. Ella necesitaba espacio. La ley de la gravedad hizo el resto. Jamás volvieron a dejar volar sus falsos sentimientos. #microcuento                     #saraoss 

#microcuento

Comienza a llover, por las lágrimas de un Sol marginado al caer la noche. Y sobre aquella playa sin orilla, la luna brilla iluminando su mar en calma. Mientras, magestuosas sombras se proyectan de la nada. Son los guardianes inmóviles de la ciudad que nunca duerme, envueltos en su armadura de acero y cristal, que vigilan sin descanso cada movimiento. El reflejo de sus ventanas sobre el agua proyecta las vidas de sus habitantes, viviendo una falsa intimidad. Hoy convertida en desgracia. Cuando sus calles siempre apuntan al mismo lugar. A aquel reloj de arena que quedó anclado y congelado en la plaza principal, testigo de aquella despedida forzada. Cuando la luz de las farolas aún proyectaban la sombra del tiempo. Una gota de su perfume sobre las olas sería el viaje eterno de su esencia. La misma que dejaron escapar aquella noche que sólo sabía nevar, vistiendo de blanco la ciudad que jamás dejó de buscar, aunque le vio morir entre los brazos de aquellos Rascacielos de N.Y. ... sin duda ...

#microcuento

Y cuando aquel río se congeló en medio del desierto, la imagen de aquel beso eterno quedó inmortalizada para siempre, en aquel valle sin vida, sin vegetación y sin lugar fijo en el mapa... #microcuento                       #saraoss 

#microcuento

Y fue en aquel instante, en el que el viento dejó de balancear aquel viejo columpio de madera oxidada del patio trasero de la casa olvidada, cuando se dió cuenta de que su amigo invisible se había marchado para siempre. Le espero durante meses, pegado al opaco cristal de la ventana principal, que ya apenas reflejaba la poca luz que quedaba del último atardecer sombrío. Porque la brisa jamás regresaría a aquel pequeño pueblo de la costa gallega, tras arrastrar todos los secretos de sus habitantes para la eternidad hacia un mar sospechosamente en calma. Un pueblo que ahora quedaba manchado por el misterio. Sin nombre, sin pasado, sin futuro. Sin historias de por medio.   #microcuento                      #saraoss 

#microcuento

Cuando aprendió a escuchar el silencio, su voz dejó de cobrar protagonismo en aquella ciudad fantasma. Y sus palabras dejaron de tener sentido en medio de los restos de un llanto, cuyo eco agonizaba permanentemente en aquella habitación aislada entre cuatro paredes. Y es que las últimas noches se dedicó a matar el tiempo, sin ser consciente de que los restos de sangre le harían culpable sin serlo. Aferrada a su almohada, aquellas lágrimas eran lo suficientemente tímidas como para no asomar en su mirada perdida, empañando el cristal de sus gafas. El viento soplaba con fuerza, pero no se escuchaba. Los días pasaban corriendo, sin detenerse en un calendario ya inservible, desde que dejó morir el tiempo entre sus manos. Y mientras tanto, la vieja maleta heredada de su abuela esperaba vacía delante de la puerta del edificio de cristal y falso mármol, único superviviente de aquella ciudad olvidada. Y fue aquella fría mañana de Enero, cuando se armó de valor llave en mano, y bajó las escalera...